Cuando vivir se vuelve insoportable

El sufrimiento psíquico y el suicidio no ocurren al margen de las condiciones sociales y las exigencias de nuestra época. Frente a la promesa de soluciones rápidas, transitar el dolor, interrogar la tristeza y hacerle espacio a la pérdida se vuelven tareas fundamentales para dejar de funcionar en automático y volver a imaginar una vida vivible.

Cuando vivir se vuelve insoportable

¿Cómo recuperar futuros posibles?

El sufrimiento psíquico como la tristeza, la desesperanza, las depresiones, autolesiones y el suicidio no ocurren al margen de las condiciones en que vivimos. En Chile debiese haber una marcada preocupación por estas tematicas ya que se encuentra entre los paises con la tasas más elevadas de muerte por suicidio (OPS, 2021). Las formas en que aparece y se expresa el malestar varían según edad, género y condiciones sociales: las mujeres suelen acudir solicitando apoyo ante una ideación o un intento suicida, mientras que los hombres mueren por suicidio con mayor frecuencia; entre adolescentes esta tónica tiende a repetirse (Ministerio de salud 2025). Y si bien las estadísticas muestran patrones, nunca alcanzarán para decirnos qué vuelve insoportable la vida para una persona.

Ninguna de estas categorías puede explicar el sufrimiento singular que hay detrás de cada historia, qué pérdida se encuentra atravesando, qué conflicto, qué soledad, qué lo vuelve insoportable, o qué hace que para una persona la vida pierda sentido mientras para otras no. El malestar tiene condiciones sociales, pero también una dimensión irreductiblemente singular, lo que una persona hace con aquello que le ocurre, las palabras que utiliza para hablar de su situación y cómo la significa para sí misma no puede reducirse a ninguna estadística.

La cultura exige sé productivo, disfruta, cuídate, agradece, sé tu mejor versión, encuentra tu propósito, vuelve a funcionar, etc.

Entre la exigencia social y la experiencia singular

La cultura exige sé productivo, disfruta, cuídate, agradece, sé tu mejor versión, encuentra tu propósito, vuelve a funcionar, etc. Mientras intenta evitar que miremos de frente que determinadas condiciones sociales y económicas aniquilan la posibilidad de quejarse, tener una vivienda, desear tener hijos, el tiempo de ocio para pensar, digerir, estar con los que quieres, bailar, caminar, reír, etc. incluso para dignificar un insomnio. Y cuando el síntoma se nos impone en el cuerpo, en las ideas, en nuestros vínculos, aparece también la promesa de una solución rápida para controlar el síntoma y recuperar el ritmo perdido por medio de la higiene del sueño, la medicalización del insomnio y de la tristeza. Y sí, hay muchos casos en los cuales el apoyo farmacológico es absolutamente necesario para darle espacio a nuestras dificultades sin derrumbarnos, pero nunca es el objetivo final. Porque cuando lo único que necesitamos recuperar es la capacidad de seguir funcionando y no nos preguntamos qué nos está pasando, volvemos a vernos una y otra vez en el mismo lugar.

Entonces llego a dos paradojas:

1. No solamente sufrimos; también podemos sufrir por no estar logrando dejar de sufrir. No necesariamente porque “la sociedad produzca depresión” de manera lineal, sino porque en nuestra época los ideales, exigencias y formas de entender la vida y el malestar hacen más difícil alojar la tristeza, la pérdida, el fracaso, el cansancio o la falta de deseo.

2. Si, vivimos en una cultura que exige y nos pone en una situación compleja para la salud mental, pero -recurriendo a una frase de mi profesora de psicoanálisis en pregrado- no podemos vivir echándole la culpa al empedrado: Una persona puede hacerse cargo de su sufrimiento sin asumir que es culpable de sufrirlo. No se trata de culpa, autorreproche, autocastigo sino de preguntarnos qué lugar tiene en nuestra vida aquello que nos ocurrió y qué podemos hacer con ello, sin desconocer las condiciones que nos hicieron sufrir.

Las formas y manifestaciones del dolor

¿Qué pasa con nosotros cuando el sufrimiento se vuelve tan intenso que dejamos de imaginar alternativas?

Hay momentos en que no necesariamente se desea morir, sino que termine una forma de vivir que se ha vuelto imposible de sostener, porque que la vida de una persona sea de una manera, no significa que no puede ser de otra. Nuestro sufrimiento puede señalar algo, no se trata de caer en el viejo cliché romanticón de que estar triste es algo bueno o siempre trae algo positivo. Pero interrogarlo puede permitirnos mirar las cosas de otra manera, hacer algo diferente o incluso vivir lo mismo siendo distintos. Porque uno puede cambiar de ciudad, de pareja, de trabajo, etc. pero si no se modifica desde donde nos paramos ante esa nueva ciudad, esa nueva pareja o ese nuevo trabajo el sufrimiento se repite.

Las diversas formas del malestar de la tristeza, necesita ser interrogada, pues pueden alojar un saber para quien llega a la consulta. A veces se trata de elaborar una pérdida: una forma de ser, un proyecto laboral, una casa, una pareja, una carrera universitaria, un proyecto de familia o la muerte de un ser querido. Elaborar no es superar rápidamente o reemplazar lo perdido para no sentir tristeza o desamparo, sino poder transformar la relación con aquello que ya no está. La tristeza puede permitir la elaboración, la creación, el pensamiento, la escritura, construir una nueva ligazón entre el mundo y nosotros mismos. Y para esa salida pareciera que debemos combatir contra la presión que nos impide poder sufrir un rato, no para siempre, pero al menos por un momento, lo suficiente para mirar nuestras tristezas y dejar que ellas nos entreguen, si no una respuesta, al menos nuevas preguntas.

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Es posible identificar distintas formas de ese mismo malestar que comúnmente se le llama depresión. A veces aparece como pérdida de interés por el mundo, es decir, como desgano, dificultad de levantarse de la cama, pérdida de interés en cosas que antes disfrutamos y/o aislamiento. Otras veces el malestar ya no solo se manifiesta como pérdida de interés por el mundo, ya no solo molestan los otros, sino que toda esa irritabilidad y desdén se vuelca contra uno mismo, entonces puede aparecer el autorreproche, la sensación de que uno no tiene valor alguno, la desesperanza, la autolesión o conductas que ponen el propio cuerpo en riesgo. Y en algunos casos puede aparecer lo que comúnmente se llama ideación suicida pasiva como un simple “tengo ganas de desaparecer, de morir, de no despertar”, y en otros una ideación suicida activa que aparece con mayor determinación, con planificaciones y fantaseo de los métodos por los cuales se llevaría a cabo.

Hay una forma particular de manifestaciones del malestar, que tiene relación con la estructura de un sujeto; la melancolía. Freud describe con esta palabra algo diferente, donde la pérdida no sólo tiene relación con un evento o pérdida particular (un trabajo, una carrera, un ser querido, un proyecto familiar, etc.) sino que se vuelve el propio yo. Lo perdido parece instalarse al interior del sujeto, se identifican con lo perdido, con lo que sobra, con lo que carece de valor; la perdida cubre todo el espacio interior. Por ello el desprecio, la desvalorización y el intento de eliminar aquello recae sobre sí mismo, con una certeza inamovible y que no tiene relación con lo que los otros pueden observar.

Hay momentos en que no necesariamente se desea morir, sino que termine una forma de vivir que se ha vuelto imposible de sostener, porque que la vida de una persona sea de una manera, no significa que no puede ser de otra.

Distintas miradas para rehacer un futuro

El suicidio aparece cuando el futuro deja de sentirse como un lugar posible y el sufrimiento presente parece no tener salida. Ahí no se trata de volver a ser quienes eramos antes, sino inventar alguna otra manera de estar en el mundo con aquello que nos pasó.

Si bien cada quien inventa sus caminos para recuperar la esperanza, para volver a encantarse con el mundo y consigo mismos, intentemos dar con una respuesta (aunque siempre incompleta) de, ¿qué significa recuperar una posibilidad, un futuro posible de vivir? Significa muchas veces rechazar la falsa idea de encontrar una solución inmediata, de volver a sentirse bien sin atravesar la tristeza. Para algunos enfoques de psicoterapia como el DBT puede significar aprender a atravesar una crisis sin empeorarla, desarrollar la regulación emocional, la tolerancia al malestar y aprender a construir una vida que merezca ser vivida. Para otras como la ACT se trata de dejar de organizar la vida para evadir, evitar, escapar del dolor y en su lugar actuar en dirección de los propios valores, dejar de preguntarse cómo elimino este malestar a cómo puedo relacionarme de otra manera con esto que siento y a partir de ello dale paso a construir algo valioso para sí mismos. Desde la mentalización, pareciera tratarse de volver a habilitar la capacidad de comprender lo que nos pasa a nosotros mismos y a quienes nos rodean, de imaginar otros estados afectivos, otros pensamientos, porque cuando estamos desbordados de desesperanza y de tristeza nuestra capacidad de imaginar y de pensarnos se acorta, se achica, se reduce y ahí puede tenerse la sensación de que no hay salida. Y desde el psicoanálisis recibimos la invitación a hacerle un espacio a la pérdida, al duelo, a la angustia, darle palabras, reconociendo que hay vacíos que es mejor no llenar, hay vacíos que nos permiten recordar aquello que pasó por nuestra vida y ya no está o ya no se es más. Todas ellas son maneras diferentes de volver a abrir un futuro posible, una vida vivible, no sin dolor sino a partir de él.

No toda tristeza es una enfermedad, ni todo sufrimiento debe ser eliminado. Hay tristezas que necesitan tiempo, llanto, queja, palabras, contradicciones, dudas; elaboración. Hay acontecimientos en la vida que al ser elaborados pueden transformarnos y convertirse en pensamiento, escritura, arte, un oficio, un trabajo, una creación. Esto no significa romantizar el sufrimiento, pues hay dolores que requieren tratamiento farmacológico, acompañamiento y cuidado urgente. Pero cuando vivir se vuelve insoportable y la vida inhabitable, quizá la primera tarea no es funcionar y ser feliz, sino recuperar la posibilidad de preguntarnos qué nos está pasando y, sobre todo, imaginar que la vida puede volver a ser de otra manera.


Referencias

  • Organización Mundial de la Salud. Suicidio. 2021.
  • Organización Panamericana de la Salud. Mortalidad por suicidio en la Región de las Américas. 2021.
  • R, Aveggio, Psicoanalisis, salud pública y salud mental en Chile (2013). Santiago:Chile. RIL editores.
  • Freud, Duelo y melancolía (1917)
  • Lacan, Seminario 10: La angustia
  • Suicidio en Chile: cuando la vida se vuelve inhabitable. Por Alejandro Castro Harrison 2025 Le Monde diplomatique, edicion chilena.
  • Terapia de aceptación y compromiso en conducta suicida: una revision sistemática. Ortas-barajas y Manchón. 2024, vol.40 n°2 189-198, España. Anales de psicología
  • Efficacy of mentalization-based therapy in treating self-harm: a systematic review and meta-analysis. hajek, oehlke, prillinger, goreis, plener, jothgassner. 2024
  • Linehan, M. M. — DBT Skills Training Manual
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